Tratado de rendición
Apreciados paisanos,
Espero que sepan disculpar mi mal gusto por haberme obstinado anteriormente a comunicarme en un dialecto excluyente y no en una lengua que nos une a todos y facilita el entendimiento y mejor comprensión, llegando así a mucha más gente que hasta ahora discriminaba, lo lamento al tiempo que prometo que puliré mi descuidado castellano por culpa de una educación sectaria donde se ha marginado deliberadamente a la lengua de todos.
El motivo de esta misiva no es otro que doblar la rodilla y hacer oficial la rendición, dejar esta lucha estéril y que a nada positivo nos lleva y de una vez por todas reconocer vuestra victoria, y faltaría más, felicitaros por aniquilar un pueblo y una cultura obcecada en querer dividir en lugar de sumar esfuerzos e intereses. Ha sido una batalla larga y de mucho desgaste, pero ustedes lejos de pisar y humillar haciendo uso de su evidente fuerza, nunca habéis querido prohibir nada al pueblo catalán y siempre habéis respetado las normas del juego democrático para con el tiempo hacernos ver en el error que incurríamos; Jamás un recorte de libertades impuesto desde nuestro gobierno abierto y plural, jamás el uso de guerra sucia con mentiras y vejaciones des vuestros medios de comunicación, incluso diría que llegando al absurdo, habéis tenido la hombría de tolerar que en nuestra comunidad autónoma se produjeran injusticias y persecuciones a lo español.
Ha sido necesaria la intervención de tan noble instancia como es el Tribunal Constitucional, para mediar en el asunto e impedir que los brotes de cuatro enajenados fueran a más y pusieran en peligro el arduo trabajo que ustedes llevan realizando durante 35 años, con la ayuda de los políticos catalanes, para ir paulatinamente pero sin retroceso abriendo los ojos a aquellas pobres almas que creían que un futuro lejos de España podía ser próspero y feliz, son muchos años los que han tenido que soportar estoicamente insultos y menosprecios constantes de esta región, sufriendo falsas acusaciones que pretendían hacer creer al pueblo catalán que había sido dominado primero por las armas y la fuerza bruta y más tarde limando o coartando libertades del pueblo catalán haciéndose valer del perverso juego democrático. Ahora que, por fin y aunque tarde, me habéis ayudado a darme cuenta del grave error en el que vivía (y lo que es peor, hacía vivir a mis allegados), lejos de sentirme derrotado, frustrado o vencido, me siento liberado.
Finalmente me he podido sacar el yugo que me esclavizaba a unas ideas y creencias imbéciles i fascistoides que sólo buscaban con afán y avaricia romper la unidad de un país que tanto hace por nosotros, puedo decir orgulloso y en voz alta que me siento libre, descansado y íntimamente unido a una España que ha tenido la bondad de tener la paciencia necesaria y esperar mi recapacitación.
Al abrir la ventana y dejar entrar la luz y el aire fresco, me siento mejor, me siento integrado a mis vecinos, a mis compatriotas, al país y las gentes que han velado tan bien por mis intereses aún cuando algunos de nosotros creíamos que vuestra conducta era sodomizadora, cuando en realidad era la postura que cualquier padre adopta ante un hijo que está a punto de cometer una estupidez. Por todo ello quiero daros las gracias y repetir una vez más que nunca os podré agradecer lo mucho que habéis hecho por mí y loar vuestra infinita bondad al perdonarnos y recibirnos con los brazos abiertos para acogernos en vuestra madre patria, de corazón: Gracias.
Y por si fuera poco, en lugar de ser castigado por una conducta tan inapropiada durante tan tediosos años, se me recompensa pudiendo gozar y disfrutar junto con todos vosotros de les éxitos de la Roja ¡si es que había que estar ciego para no haberlo visto antes!
Me despido afectuosamente, poniéndome a su servicio para tan noble causa y juro ante el Rey que cuando desgraciadamente me tope con un separatista no escatimaré esfuerzos para hacerlo entrar en razón, que apoyaré y respaldaré la lucha que debemos seguir manteniendo con las vascongadas (¡malditos terroristas!), que eliminaré de mi catálogo simbologías fascistas como la Estalada, la Senyera… siendo estos substituidos por la roja y gualda, que me limitaré a hablar mi dialecto en privado y cuando no pueda molestar a nadie, y que siempre que sea posible usaré la lengua de Cervantes para garantizar una mayor comprensión de toda la concurrencia y no faltar más al respeto.
Y ya para terminar, no sé qué hormigueo extraño me invade que me obliga a soltar una última frase, a pesar de no saber muy bien su significado:
“E pur se muove”
